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27 agosto, 2018 Comentarios (0) Visitas: 98 Voces

M.W.: Quiero volver a construir mi vida y que esté llena de paz

Compartimos una entrevista realizada en Bosnia a una mujer enfermera a quien estamos ayudando que tuvo que huir del horror de Afganistán.

Entrevista realizada por nuestras compañeras Carlota Boyer y Resham Hameedi (mujer refugiada con quien también trabajamos, que participa en las entrevistas y realiza las traducciones).

M.W. es una mujer de 37 años que vivía en una ciudad de Afganistan donde los talibanes llevan años teniendo el control a nivel político. Tiene dos hijos, de 16 y 14 años, con una gran historia detrás y un secuestro como pesadilla continua, además de una niña de 7 años más inocente, que se dedica a hacer pulseras a todo el asentamiento.

Al entrar en la tienda de esta familia, la madre se encontraba sentada, preparando las mochilas y comida para irse a cruzar el “game” (cruzar la frontera a través de los bosques). Mientras tanto, su hija come una bolsa de patatas fritas a la vez que juega con ellas. A veces interviene en la entrevista, ya que habla mejor inglés que su madre. Ésta habla dari con Resham, la traductora, y nos traduce al inglés.

¿Cómo era tu vida en Afganistán?

(La mujer contesta decidida, teniendo muy claro cuál es la historia de su vida).

Desde que nací mi vida empezó a ser como la de una persona refugiada. Cuando nací, Rusia vino a mi país y la guerra empezó, mi familia tuvo que emigrar a Irán como refugiados y tardamos mucho tiempo en volver. Cuando volvimos a mi país los talibanes tenían el control. La guerra es algo diario, ver bombas cuando caminas por la calle es algo normal, siempre hemos sido “refugiadas”.

¿Por qué tuviste que dejar Afganistán esta vez?

(Coge aire y suspira, mira fjamente a Resham, la traductora de 17 años, y comienza a desnudar sus secretos ante nosotras).

Estudié para ser enfermera y trabajaba como matrona. Entonces la situación se complicó, una mujer y yo empezamos a trabajar ayudando a las mujeres que tenían complicaciones en sus embarazos, querían abortar o necesitaban medicinas para parar el embarazo. Teníamos que hacerlo de forma clandestina, ya que los talibanes tienen todo el control. Vinieron a advertirnos, (realiza una pausa, mira a su hija con una mirada llena de ternura) pues para ellos nuestro trabajo va en contra de la palabra de Dios. Atacaron mi casa, me torturaron y me cortaron los dedos, me rompieron el tobillo y vi como torturaban a mis hijos.

(Tuvimos que realizar una pausa de 10 minutos, tiempo que costó a la mujer recomponerse).

Después de eso paré mi trabajo unos meses y luego quise volver. En 2013 volvieron a atacar mi casa, a torturarnos… Se llevaron a mis hijos para que se uniesen a su grupo terrorista, ellos tenían 11 y 9 años. Ellos se escaparon y en ese momento dejamos mi país.

¿Qué estas aprendiendo aquí?

Aquí aprendo humanidad, amor entre todas las personas y a abrazarnos. Las personas locales de Bosnia nos ayudan y son muy amables, aprendemos amor sin importar el país de procedencia. En Europa hay gente buena y mala, gente con corazones muy grandes, pero Bosnia son las personas más buenas que he conocido.

Quiero enseñar a mi hija humanidad, amor, amor por todas las personas sin importar su país, color o religión. No importa, simplemente ama y respeta a todo el mundo. Quiero que sean libres.

¿Cuáles son tus planes para el futuro?

Quiero volver a trabajar, quiero que mis hijos estudien y tener una buena casa. Volver a construir mi vida y que esté llena de paz.

¿Qué crees que las personas en Europa deberían saber?

Las mujeres en Afganistán tenemos muchos problemas, ir a la escuela y aprender ya es algo complicado. Nuestros matrimonios muchas veces no son por amor, cuando nacemos empiezan nuestros problemas, hasta que morimos.

¿Qué crees que todas las mujeres tenemos en común?

Nos gusta mucho ver que aquí vienen mujeres a ayudar, que vuestra educación se preocupa por otras mujeres, por cosas que no se ven. Cada vez que te veo me siento bien, siento que eres una hermana. Cuando venís somos felices.

En nuestro país no es tan fácil ayudar como hacéis vosotras, porque no somos libres para eso. Vemos que en Europa es diferente, vemos que podéis hacer lo que queráis.

¿Qué derechos crees que deberíamos tener todas las mujeres?

(Sonríe, parece que le hace gracia esta pregunta sí tenemos en cuenta la diferencia de significados que tiene la palabra “derecho” para cada una de nosotras).

Para todas las mujeres deberíamos tener el derecho a ser libres. Hacer lo que queremos hacer, estudiar, trabajar y ser felices. Deberíamos tener el derecho a cumplir nuestras ambiciones, a no tener miedo. Los hombres creen que son el primer escalón y que pueden hacer lo que quieran, creen que son mejores que las mujeres.

¿Te gustaría decir algo más?

Gracias por todo el rato que vienes, (sonríe y nos coge de la mano, dibujando una sonrisa pura y profunda) por todo lo que vuestro grupo hace aquí, estáis pendiente de nuestras necesidades. En toda mi vida no olvidaré, sobre todo cuando jugáis con mis hijos. Es muy duro vivir aquí, no es la vida que unos niños deberían vivir. Estoy tan cansada que a veces prefiero morir…

La hija de 7 años interviene: “Llevo tres años sin ir al colegio”.

(Con la cabeza baja y una mirada que transmite el cansancio y agonía que lleva acumulada). Los talibanes hacen creer al mundo que somos culpables, hacen que el mundo tenga miedo de nosotras. Es una pena…

 

 

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